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Sonia María García García

Escritora

Manolo Arandojo

Manolo Arandojo

El pasado verano visité el Concejo de Ibias (Asturias).
Muchos habréis visto las entradas correspondientes a la comarca en este blog.
No era la primera vez que estaba en él pero sí la que más a fondo degusté
varios de sus pueblos y sus paisajes.
Como siempre hago, el mapa topográfico fue mi base para
preparar la visita pero también consulté información para saber qué lugares
eran especialmente interesantes. En una guía de Ibias encontré las añoranzas de
un hombre, Manolo Arandojo, nuestro protagonista, por su pueblo de Santa Comba
de Ibias. Su casa. Sus anhelos y suspiros al tener que dejar su tierra natal y
buscar su futuro y porvenir en la lejana Argentina junto a su familia, hace 53
años.
Ya os conté que visitar Santa Comba es como detener el
tiempo durante unos instantes. El pueblo está vacío pero no abandonado. En su
humildad está su belleza aunque su valor etnográfico es infinito. Os recuerdo
la entrada por si queréis repasarla:
Como una energía
imperiosa, me atraía encontrar la casa de Manolo, poniéndome con empatía en su
lugar. Durante el paseo por el pueblo la reconocí, la fotografié y me felicité
por la suerte de estar donde sabía que Manolo añoraría trasladarse en aquel
mismo instante. Regresé a casa y le dediqué un trocito de esta Eira de
Pedra  a  aquel lugar especial.
Y pasaron los meses. Y cuál sería me sorpresa, al ver que el
propio Manolo se ponía en contacto conmigo y me brindaba su amistad y sus
recuerdos que, amablemente, compartió con todos nosotros en sus comentarios.
Haré un resumen de lo compartido.
Manolo emigró a la Argentina hace 53 años, como os decía,
cuando contaba con 15 años de edad, con sus padres y hermanos. Fue la primera
casa del pueblo que se cerró en busca de un futuro mejor. Tardó 36 años en
volver aunque ahora ya lo ha hecho en cinco ocasiones para reunirse con los
vecinos que regresan a su pueblo, principalmente durante el estío.
La foto más antigua que Manolo conserva es de 1926

  

Recuerda su niñez en el pueblo como una vida sencilla,
humilde pero feliz. Hasta que contaba diez años no hubo maestro en el pueblo y
los niños aprendían de un señor mayor, vecino del pueblo, que les daba alguna
clase por las noches y, ni siquiera podía acudir a todas porque Manolo
trabajaba duro cuidando las ovejas y las vacas. Las llevaba al monte y allí se
le iban las horas vigilando para que ningún lobo, muy abundante en aquella
época, atacara a alguno de sus animales. Aún así, más de una vez vio como
comían alguna oveja que se había
descarriado. Recuerda verlos muchas veces y arrojarles piedras para alejarlos.
También había muchos zorros y serpientes y llevaba siempre una vara de avellano
para protegerse. Aunque nunca vio a ninguno, temía encontrarse con el señor de
los montes asturianos: el oso pardo. Los mayores decían a los niños que se
comían a las personas infundiendo en ellos el terror.
Las vacas eran usadas para arar la tierra con el arado de
madera y subían la tierra al hombro en los canastos o «peselas». Un
trabajo muy duro.
Manolo recuerda también como cuando tenían que vender alguna
vaca iban a la feria de Navia de Suarna en Lugo, ya Galicia, caminando entre
montañas y por senderos malos durante seis horas. Tenían más cerca esta feria
que las de los pueblos grandes de Asturias.
1953 con su madre y hermanos

Las mozas del pueblo en 1954. La tercera por la izquierda es la madre de Manolo.

1954

1956

1956. Manolo es el más joven.
Pueblo y vecinos en 1960
También hicieron él y su familia este trayecto cuando llegó el momento de decir adiós al pueblo, o un hasta pronto que se extendió durante decenas de años. Llegaron andando hasta Navia de Suarna donde hicieron noche para tomar al día siguiente un autobús hasta Vigo y embarcar allí el 31 de octubre de 1959 en el barco Alberto Dodero de bandera argentina.

Lo que vino después, ya es otra historia…
Manolo en 1960, ya en la Argentina

 
Con su familia en Buenos Aires en 1965
 1967. Trabajando en Argentina. Manolo es el segundo por la izquierda.
Vuelta al pueblo.

Hace 52 años que Manolo dejó sus inciales en esta roca de Santa Comba ( M.A. F.) y ahí continúan.

Manolo
Gracias amigo Manolo por compartir tus recuerdos y tus
fotografías con todos nosotros. Tu historia es personal pero, es también la
historia de una época en la que España dejó partir a muchos de sus hijos en
busca de oportunidades que aquí no existían. Tiempos que, desgraciadamente, y
salvando ciertas diferencias, se repiten de nuevo.  
Gracias Manolo por tu cariño, tu amabilidad, tu generosidad
y tu amistad.
Un beso y un gran abrazo desde A Coruña (Galicia- España).


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